Haciendo resistencia: la previa



Parce, ¿no te parece que últimamente los precios del trago en algunas discotecas son muy altos?
Fijáte que el otro día tuve un parche para salir a rumbear con unos amigos de la U. Y pues como apenas estamos empezando el semestre, tenía tiempo y ganas de salir a rumbear. De cabeza fui. 


Entonces este viernes que pasó el plan era ir a La Pérgola. Y el cover estaba a 15 000. Y pues no es que sea super caro, pero pues 15 000 pesos para entrar sólo a bailar, no, que mamera. La cosa es el trago, porque todos queríamos tomar, pa’ prendernos y pasarla bien, pero parce, una botella de guaro allá cuesta 75 000. Y éramos como 10 personas, y una botella pa’ 10 personas es muy poquito. Además de que no todos toman. Es un atentado contra los bolsillos de los universitarios. 


Propuse que compráramos el trago en una licorería, que sale más barato, nos lo tomáramos en la casa de alguno y luego ya íbamos a rumbear. Y fue lo que hicimos, hicimos una previa. Pero veni te cuento el problema: compramos un garrafo. Vos sabés que eso es mucho trago para una previa. Igual, sin mente, lo empezamos a tomar y lo dejamos a la mitad. Ya estábamos prendos y nadie quería más, pero no podíamos dejar eso ahí. Entonces lo metimos al carro para darle muerte. Pero cuando llegamos seguía casi como lo habíamos dejado. Lo que se nos ocurrió fue comprar unas botellas de agua, tomárnosla y llenarlas de guaro para meterlas a la rumba. 


Y ahí parce, fue que me di cuenta de lo que estábamos haciendo. Mirá, la gente de las discotecas le pone un precio a la entrada y encima te ponen la condición de que tenés que consumir algo. Y si te pillan encaletando trago, te sacan. Ahí lo que hicimos fue un pequeño acto rebelde. Hicimos la previa y encima metimos nuestro guaro. Por un breve momento tuvimos el control, ¿me entendés?  Hicimos resistencia. Obvio. Porque no estamos de acuerdo con los precios de los licores de estos sitios. Sobre todo porque son lugares muy frecuentados por universitarios. La previa de la fiesta es un acto de resistencia de la vida diaria universitaria. Y lo más chistoso es que nadie se da cuenta. Son pequeño actos de resistencia desde una posición subordinada, como diría J.C Scott, el man que leímos en clase. Y sí, somos unos subordinados para esta gente, pero a nosotros nos gusta quedarnos ahí. Somos cómplices de la hegemonía que nos imponen los de las discotecas, pero con un pequeño cambio: seguimos yendo a estos lugares, pero bajo nuestras condiciones. 

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